La espera de un bebé es a menudo descrita por muchos padres y madres como un período mágico lleno de felicidad y conexión con el nuevo miembro de la familia, sentimientos que también se mantienen durante sus primeros meses de vida. Sin embargo, esta experiencia puede no ser siempre positiva, como sucede a muchas gestantes.
![[fotografía] plantas de los pies de un bebé.](http://blogscvc.cervantes.es/martes-neologico/wp-content/uploads/sites/2/2026/03/violencia_obstetrica_500.jpg)
Uno de los casos que puso sobre la mesa la violencia obstétrica fue el de Nahia Alkorta, que sufrió un episodio grave en un hospital del País Vasco en su primer parto, en 2012: Alkorta llegó al hospital preparada para dar a luz con un plan de parto que pedía la mínima intervención posible, poder estar acompañada por su pareja y tener cierta libertad de movimientos. Durante el parto, la madre primeriza pasó más de doce horas conectada a monitores, sintiéndose infantilizada por el personal sanitario y sometiéndose a una cesárea que fue considerada innecesaria. Tras el nacimiento de su hijo, la madre no pudo tener contacto piel con piel, apenas lo vio al nacer y, a pesar de querer amamantarlo, el personal sanitario decidió alimentarlo sin su consentimiento, lo que afectó a su proceso de lactancia. Como consecuencia, sufrió un cuadro de estrés postraumático severo después del parto:
- La extrema patologización del parto y la violencia obstétrica aún son una constante. [El Diario (Argentina), 17/5/2023]
- Cuando fue a tener a su cuarto hijo, terminó en cesárea, y una infección hospitalaria que le costó la amputación de sus dos piernas y brazos; la violencia obstétrica es violencia de género. [El Diario (Argentina), 17/5/2018]
La entrevista que dio Nahia Alkorta para la revista Mamagazine ejemplifica uno de los numerosos casos en los que mujeres embarazadas han experimentado violencia obstétrica. Estos testimonios contribuyen a visibilizar a muchas más víctimas de estos abusos con el objetivo de detener esta problemática. Gracias a su valentía, instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) han establecido definiciones de violencia obstétrica y han emitido informes sobre el tema.
Según dichas organizaciones, el sintagma violencia obstétrica designa la apropiación del cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres por parte de personal de salud que implica un control deshumanizado que limita su autonomía y capacidad de decidir. Esto se manifiesta en un trato ofensivo, abuso de medicalización y falta de respeto a la intimidad. Por otro lado, el maltrato físico, abuso verbal, procedimientos médicos no consentidos y la negativa a administrar medicamentos para el dolor constituyen formas específicas de violencia que pueden experimentar las mujeres en entornos de atención médica. Estas prácticas, realizadas durante el embarazo, parto y posparto, violan los derechos humanos y tienen un impacto negativo en la salud y calidad de vida de las mujeres:
- Aún con la Ley de Parto Respetado vigente el 90 % de las mujeres y personas gestantes sufre violencia obstétrica en la Argentina. [El Diario (Argentina), 17/5/2023]
- La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) emitió una recomendación al director general del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), José Antonio González Anaya, por un caso de inadecuada atención médica y violencia obstétrica e institucional, ocurrido en 2014, en agravio de una indígena de 18 años, quien perdió a su recién nacido en Ensenada, Baja California. [La Jornada (México), 5/1/2016]
- Junto con Francisca Fernández Guillén, su abogada y que ha sido también la jurista que ha logrado las otras dos condenas por violencia obstétrica en España, presentaron una demanda que fue desestimada y también recurso de amparo en el Constitucional. [La Vanguardia (España), 23/7/2023]
Como sucede con violencia de género o violencia vicaria, la violencia obstétrica no aparece en el diccionario, si bien sí está en el Diccionario panhispánico. En otras lenguas, como el catalán, el inglés o el francés, tampoco aparece recogido el sintagma en los diccionarios respectivos. Reconocer su existencia lexicográfica ayudará a hacer patente la importancia de denunciar esta forma de violencia con el fin de erradicarla.
Cecília Zarraga
Universitat Pompeu Fabra (España)

