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infusionar v. tr.

infusionar <em>v. tr.</em>

Este siglo xxi se caracteriza, en la esfera gastronómica, por el aumento progresivo del afán culinario, no solo en el contexto de la alta cocina, representado por reconocidos chefs, sino extrapolable a un ámbito no especializado. Los medios de comunicación han contribuido, sin lugar a dudas, a promocionar dicho auge. Esta difusión no debe centralizarse en exclusiva en programas televisivos, puesto que las redes sociales poseen un poder muy significativo al respecto. La popularización de esta cocina moderna ha favorecido la aparición de nuevas unidades léxicas, en concreto, el uso del término infusionar, que en esta ocasión desplaza el verbo infundir, utilizado con anterioridad, aunque con un significado menos específico según se demostrará a continuación.

antologar v. tr.

antologar <em>v. tr.</em>

La palabra antologar parece haberse hecho un lugar en nuestro repertorio léxico, a pesar de que solo uno de los diccionarios consultados —el DRAE23, el Clave, el DEM, el DUE y el DEA— registra el neologismo —el DEA—. Para definirlo, este diccionario recurre al sinónimo antologizar, que es precisamente el término aceptado por el diccionario académico en la vigésima tercera edición, con el significado de ‘incluir en una antología’. La mayoría de los diccionarios parece, por tanto, asumir la posición de la Fundéu (2008): «El verbo correspondiente a antología es antologizar, y su participio, antologizado».

ficcionar v. tr.

ficcionar <em>v. tr.</em>

En principio, ficción y realidad se oponen. La realidad se vincula al mundo, a la verdad, a lo que efectivamente existe y sucede, mientras que la ficción es una invención, algo fingido, producto de la imaginación. De allí que llamemos ficción a las ‘obras literarias o cinematográficas, generalmente narrativas, que tratan de sucesos y personajes imaginarios’ (DRAE23). Sin embargo, no siempre es sencillo establecer un corte de navaja entre ficción y realidad. ¿Qué pasa, por ejemplo, si queremos contar una historia de vida? ¿Hasta dónde se reconstruyen los detalles? ¿Hasta dónde es válido «adornar»?