Si estamos escribiendo acerca de las características del mundo moderno seguramente querremos emplear una palabra que el Word de Microsoft Office nos va a subrayar en rojo: hiperconsumismo. El aplicativo editor de textos la subraya por la simple razón de que aún no la incluye ningún diccionario (tampoco en inglés o francés), ni siquiera el Diccionario del español actual o el Diccionario digital del español (DIDES), a pesar de que esta voz ya se documentaba en 1982 en la prensa hispánica:

  • Y no nos olvidemos que, así como detectamos en un pueblo espontáneas necesidades insatisfechas a poco que indaguemos sus expectativas, resulta una característica del mundo moderno la alienante inducción de necesidades nuevas, condicionadas al interés expansivo del aparato productivo, que constituye el elemento central del hiperconsumismo contemporáneo. [Desarrollo Económico (Argentina), abril-junio 1982]
[imagen digital] carrito de compra de hipermercado lleno de paquetes de cartón sobre un suelo con cajas y bolsas de papel diseminadas.
Natalia Blauth (Unsplash)

Este ejemplo resulta una primera y precoz definición del término, como si el autor lo estuviera introduciendo a los lectores, pues no lo emplea como término aceptado sino como neologismo que se deriva de lo que se está explicando en el artículo. Queda clara, desde sus primeros pinitos vitales, la vinculación de la palabra hiperconsumismo con el análisis sociológico del mundo moderno o contemporáneo y sus malas praxis.

Desde el punto de vista morfológico, hiperconsumismo deriva de consumismo, palabra a la que se le añade el prefijo aumentativo hiper-. La base, claro está, sí es un término presente en el cómputo global de diccionarios, incluido el prescriptivo de la RAE, que lo define como «tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios». Si hay que definir hiperconsumismo en español, pues, deberíamos hacerlo añadiendo un matiz aumentativo —el que le otorga el proceso de prefijación— respecto al consumismo habitual que ya posee un matiz semántico sociológico que lo vincula con el mundo occidental contemporáneo y su modelo de desarrollo económico descontrolado e insostenible. El hiperconsumismo es un síntoma más de la enfermedad que caracteriza al mundo actual, pero es aún más grave que el consumismo, tal y como se desprende de algunos ejemplos de prensa que lo presentan junto a otros neologismos sociológicos:

  • Humor ácido e ironía inteligente se dan cita en estas visiones críticas de las paranoias que produce en el individuo la sociedad actual: teleadicción, hiperconsumismo, incomunicación, sexo, culto al físico, hipocondrismo… [Anuario Teatral (España), 1998]
  • Exposición en las redes sociales, obsesión youtuber, hiperconsumismo y falta de límites lideran el ranking de peleas familiares entre adultos y preadolescentes. [La Nación (Argentina), 24/6/2017]

Se trata de un concepto general, que puede abrazar, resumir y describir nuestro día a día. Así lo percibimos a partir de otros varios ejemplos de prensa que muestran cómo el hiperconsumismo afecta a todos los niveles del consumo de bienes (energía, comida, salud…):

  • Hay una industria del desgaste corporal, a través, por ejemplo, de lo etílico y lo gastronómico, y otra industria paralela consistente en volver a recomponer nuestro cuerpo, a base de ungüentos y sesiones de gimnasio. Lo que ambas dimensiones tienen en común es que para su realización hay que comprar cosas. Así, pagamos para engordar, y luego para recomponernos. Sobre este absurdo esquizofrénico basado en el hiperconsumismo hemos llegado a convertirnos en esclavos de nuestro cuerpo. [El Diario de Ávila (España), 9/7/1997]
  • Claro que Besson viene, como él mismo bien dice, de un país que genera la mayoría de su electricidad con la energía nuclear, que en estos tiempos posmodernos de alta tecnología e hiperconsumismo se ha convertido en un rentable, pero peligroso, negocio. [ABCBlogs «Tras un biombo chino»(España), 22/2/2012]

El término ha derivado más allá de su semántica como idea acerca del mundo y se usa también como un verbo, esto demuestra su relevancia dentro de la comunicación. De este modo, encontraremos tanto la forma hiperconsumista como hiperconsumir o hiperconsumidor:

  • Hubo empujones el viernes por la mañana en casi todos los centros comerciales de EE. UU., para aprovechar las rebajas del black friday, la jornada hiperconsumista posterior al día de Acción de Gracias en el que buena parte de los estadounidenses aprovechan para comprar los regalos de Navidad a buen precio. [La Vanguardia (España), 3/12/2014]
  • Angela Merkel no pretende hiperconsumir, ni pisarle el «ego» al resto de líderes. [ABC (España), 29/5/2008]
  • Previamente, en su conferencia, señaló que el interés económico, la creación y la moda, juntos, han dado pie al hiperconsumidor de la novedad, de lo efímero. [Reforma (México), 28/4/2015]

Queda claro, pues, el amplio recorrido temporal y derivativo del término, que solamente puede explicarse debido a la importancia del concepto y su vinculación con el mundo actual. De hecho, parece sacado de una novela de David Foster Wallace, crítico acerbo de las sociedades hijas del capitalismo descontrolado, así que resulta relevante e incluso un posicionamiento político la decisión de incluir este tipo de voces dentro del diccionario. A veces las palabras nos permiten tener una mayor comprensión del sistema en que vivimos y de sus problemáticas. No se trata de una palabra expresiva o de uso superfluo —costaría usarla en una conversación de ascensor—, sino de una cargada de ideología y de matices sociológicos que se emplea como herramienta para la lucha y conciencia política.

Santiago Fernández Porta
Universitat Rovira i Virgili (España)

hiperconsumismo m.

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