sororidad f.

sororidad <em>f.</em>

Es habitual que un número importante de hablantes proponga que los diccionarios modifiquen, eliminen o incorporen determinados vocablos o acepciones. Algunos consideran que, con este proceder, se contribuye, en mayor o en menor medida, a la transformación de la sociedad, pues se palian no pocas discriminaciones o se hace frente a injusticias atávicas. Se parte de la idea de que los repertorios lexicográficos, y muy especialmente los académicos, tienen un poder legislativo capaz de discernir los referentes positivos de los negativos mediante la sanción o no de las piezas léxicas. Pero el lexicógrafo ha de tener una vocación más notarial que jurídica en la sanción de los vocablos, ya que es el hablante con su actualización léxica discursiva quien contribuye a la creación de corpus que documenten el verdadero uso de las palabras. Los que defienden la sanción académica de ciertas voces con el loable intento de afrontar no pocas discriminaciones sociales buscan un empoderamiento nacido del respaldo institucional lingüístico.

bicicletada f.

bicicletada <em>f.</em>

Al menos en España, el arraigo de bicicletada (o bicicleteada) parece ir en consonancia tanto con la consolidación de la costumbre de convocar a la ciudadanía a manifestarse en apoyo de algo o en protesta contra algo como con el auge del uso de la bicicleta dentro de cualquier población (unas veces como vehículo de desplazamiento sostenible y otras veces como instrumento de entretenimiento o práctica deportiva). La bicicleta ha alcanzado mayor protagonismo gracias al llamado carril bici (en continua expansión en los espacios urbanos) y se está enseñoreando cada vez más de las aceras y demás espacios abiertos antes exclusivos de los peatones. A estas alturas no resulta extraño que todos los miembros de una familia, de un grupo de amigos, de una asociación vecinal, etc., dispongan de bicicleta y estén dispuestos a salir en grupo a la calle con su bici con objetivos bastante variados.

epicentro m.

epicentro <em>m.</em>

La palabra epicentro tiene su origen en dos palabras griegas: por un lado ἐπί (epi), que significa ‘sobre’, ‘en’, ‘encima de’ y, por otro lado, κέντρον (kéntron), que significa ‘centro’. Según el Diccionario de la lengua española, el nombre compuesto epicentro deriva del griego ἐπίκεντρος (epíkentros), con el significado de ‘situado encima del centro’, y se incorporó al latín científico en su forma epicentrum desde donde se propagó a varias lenguas modernas, como el francés (épicentre), el alemán (Epizenter) y el español (epicentro). La forma inglesa epicentre, que igualmente podría ser origen de los préstamos en los otros idiomas, fue acuñado por primera vez a finales del siglo xix por el geofísico e ingeniero civil irlandés Robert Mallet, quien realizó varios trabajos fundamentales en sismología. En esta área del saber, la palabra epicentro se emplea para denominar el punto en la superficie de la tierra que se encuentra en línea vertical directamente sobre el hipocentro, u origen de un sismo, lugar donde se registra su máxima intensidad.

afrodescendiente m. y f. y adj.

afrodescendiente <em>m.</em> y <em>f.</em> y <em>adj.</em>

Si es verdad que, a la luz de los restos arqueológicos más antiguos de homínidos conocidos, la humanidad se originó en África, todos los seres humanos, o al menos los europeos, podríamos ser definidos como afrodescendientes. Sin embargo, el término se refiere a las personas de piel «negra» (un adjetivo connotado que se ha usado como insulto a veces), y se suma a la lista de eufemismos como «de color», «moreno», etc., que genera este concepto racial, el cual es tabú desde hace varios siglos.

antologar v. tr.

antologar <em>v. tr.</em>

La palabra antologar parece haberse hecho un lugar en nuestro repertorio léxico, a pesar de que solo uno de los diccionarios consultados —el DRAE23, el Clave, el DEM, el DUE y el DEA— registra el neologismo —el DEA—. Para definirlo, este diccionario recurre al sinónimo antologizar, que es precisamente el término aceptado por el diccionario académico en la vigésima tercera edición, con el significado de ‘incluir en una antología’. La mayoría de los diccionarios parece, por tanto, asumir la posición de la Fundéu (2008): «El verbo correspondiente a antología es antologizar, y su participio, antologizado».

zumba f.

zumba <em>f.</em>

Zumba es un neologismo semántico surgido en Colombia y que se ha difundido y es utilizado en varias lenguas como el francés, el inglés y el portugués, según los datos que mencionaremos a continuación. De acuerdo con la Wikipedia, zumba deriva del verbo zumbar en su sentido de ‘resonar’, ‘retumbar’, haciendo alusión a las vibraciones que se experimentan en todo el cuerpo al realizar los movimientos que mezclan gimnasia y danza.

vigorexia f.

vigorexia <em>f.</em>

La formación de la palabra vigorexia en español ha sido influida por la palabra inglesa bigorexia. La forma inglesa —registrada en el Oxford English Dictionary, en el Cambridge Dictionary y en el Merriam-Webster— copia la estructura de anorexia (del griego, an-, que significa ‘sin’, y orexis, ‘apetito’), pero incorpora el adjetivo big para dar cuenta del deseo de ganar una mayor masa muscular.

coltán m.

coltán <em>m.</em>

Ordenadores, turbinas, tabletas, teléfonos móviles… Muchas personas no pueden concebir la vida actual sin estos aparatos que, con certeza, han supuesto un gran cambio y han modificado su manera de trabajar, de comunicarse o de relacionarse, por ejemplo. De hecho, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones de la ONU, en el mundo hay la misma cantidad de móviles que de personas (con un crecimiento apabullante del 900 % en los últimos quince años). Pero también está claro que todos estos dispositivos necesitan de componentes diversos para poder funcionar, como el coltán, acrónimo con el que se conoce el mineral formado por la columbita y la tantalita, de composición (Fe, Mn) (Nb, Ta)2 O6 y (Fe, Mn) (Ta, Nb)2 O6, respectivamente.

antitaurino, antitaurina adj.

antitaurino, antitaurina <em>adj.</em>

En el mundo occidental, los movimientos de defensa y protección de los animales, conocidos como movimientos animalistas, empezaron durante la segunda mitad del siglo xix, cuando se promulgaron las primeras leyes que pretendían evitar el maltrato y la crueldad de los hombres hacia dichos seres vivos. Y fueron expandiéndose progresivamente hasta que a mediados del siglo xx el animalismo ya despertaba el interés de un amplio sector de la sociedad, como demuestra el hecho de que en 1978 se proclamase la Declaración Universal de los Derechos del Animal, aprobada posteriormente por la ONU. En el Estado español el movimiento animalista chocó desde el principio con la fuerte tradición cultural de las corridas de toros y otras fiestas populares en las que participan animales que son sometidos a algún tipo de maltrato. A pesar de ello, desde finales del siglo xix y principios del xx también aquí comenzaron a surgir movimientos de defensa de los animales, que se iniciaron con el activismo antitaurino —que abogaba por abolir las corridas de toros—, y que fueron expandiéndose y abrazando también la protesta contra cualquier espectáculo o fiesta en la que se utilizan animales y se pone en peligro su integridad física.