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En la actual sociedad de la información y el conocimiento, el imparable avance tecnológico surgido en las últimas décadas ha conllevado la aparición de nuevas filias y fobias, entre las cuales destacan la tecnofilia, o adicción a las nuevas tecnologías y, en el extremo opuesto, la tecnofobia o aversión hacia ellas.

La tecnofobia comporta un rechazo al progreso tecnológico y un cierto miedo a las posibles consecuencias negativas de dicho progreso, como los problemas ecológicos, sociales y éticos que pueda conllevar. Dicha aversión puede llegar a provocar angustia, ansiedad y otros síntomas similares, propios de personas que padecen este tipo de fobias.

Pila de cojines de tamaño grande bajo la que está refugiada una niña de la que asoman unas piernas enfundadas en pantalones vaqueros.
Pixabay

Los tecnófobos, es decir, las personas que sufren tecnofobia, pueden mostrar diversos grados de aversión a la tecnología: desde un simple rechazo a los dispositivos tecnológicos hasta un miedo irracional a las nuevas tecnologías, que puede causar graves problemas de aislamiento o de falta de socialización. Además, esta fobia se relaciona directamente con el analfabetismo tecnológico y también con el índice de adelanto tecnológico, con el que se trata de medir la capacidad de un país para tomar parte en las innovaciones tecnológicas actuales.

Podríamos enumerar diversos factores que han contribuido a fomentar este tipo de fobia: la celeridad en la evolución del sector tecnológico, especialmente con el nacimiento y la implantación de las redes sociales; las noticias alarmantes y, con frecuencia, falsas o exageradas, sobre pirateo informático y vulneración de la privacidad; las taquilleras películas de cine sobre las nefastas consecuencias del progreso tecnológico, etc. Sin embargo, nuestro propósito aquí no es otro que poner de manifiesto que las denominaciones necesarias para referirse a estas fobias constituyen neologismos lexicográficos, puesto que todavía no aparecen documentadas en la última edición del diccionario normativo de la lengua española (DRAE23).

Efectivamente, el adjetivo tecnófobo, -ba —‘que tiene o muestra tecnofobia’— y el sustantivo tecnofobia —‘aversión o rechazo hacia la tecnología’— son dos neologismos lexicográficos no recogidos por el DRAE23 que, sin embargo, se encuentran documentados desde hace años en las distintas variedades de la lengua española, como muestran los numerosos casos recopilados por el Observatori de Neologia en diversas zonas del territorio español así como en diversos países de América Latina, de los cuales reproducimos algunos ejemplos:

  • Quizá el caso sea un ejemplo extremo, pero, como esta mujer, muchas personas de diferentes edades padecen tecnofobia, es decir, muestran una actitud de reticencia o miedo hacia las nuevas tecnologías. [La Vanguardia (España), 12/10/2012]
  • ¿Sufres tecnofobia? Te ofrecemos las claves para combatir el miedo al uso de las nuevas tecnologías. [La Opinión de Málaga (España), 01/11/2012]
  • Los tecnófobos tienen alergia a internet. [El Comercio (Perú), 12/11/2015]
  • Carr, que rechaza ser calificado de tecnófobo, considera que el problema es que las máquinas están diseñadas por tecnólogos que sólo están preocupados por saber hasta dónde es capaz de llegar la máquina, y no de qué modo puede ésta expandir nuestras capacidades. [Página 12 (Argentina), 27/10/2014]

Se trata de términos formados por composición culta, a partir de la unión de la forma tecno– —descrita por el DRAE como un elemento compositivo procedente del griego τεχνο- techno- y cuyo significado es ‘técnica’— y una forma sufijada: –fobia, que significa ‘aversión’ o ‘rechazo’ y procede del latín científico -phobia, que a su vez procede del griego  –φοβία, -phobía, en el caso del sustantivo tecnofobia; y -fobo, ba —‘que siente horror o repulsión’—, del griego -φόβος -phóbos (‘pánico, terror, miedo’), en el caso del adjetivo tecnófobo, -ba.

En inglés, tanto el Oxford English Dictionary como el Merriam-Webster Dictionary documentan las dos formas, technophobia y technophobe, ambas como sustantivos. Además, el Merriam-Webster nos informa de que el primer uso documentado de technophobia es del año 1943. En francés, el Dictionnaire Larousse no recoge ninguna de estas palabras, pero Le Grand Robert documenta la forma technofobe, como adjetivo y sustantivo. Diversos diccionarios de la lengua italiana documentan también las formas tecnofobia y tecnofobo, mientras que no hemos hallado ninguna de estas en los principales diccionarios consultados de las lenguas portuguesa y catalana. En español, solo el diccionario Alvar2 recoge el sustantivo tecnófobo, que define como ‘persona contraria a los avances de la técnica’.

En definitiva, se trata de términos correctamente formados, cuyo uso, ampliamente documentado, va en aumento, puesto que la tecnología sigue evolucionando a un ritmo imparable. Por ello creemos que deberían documentarse en el diccionario de la Real Academia, con el fin de que el ritmo de innovación lexicográfica sea más acorde a la celeridad que las nuevas tecnologías están confiriendo actualmente a la creatividad léxica.

Ona Domènech-Bagaria
Observatori de Neologia-Universitat Pompeu Fabra (España)
Estudios de Artes y Humanidades-Universitat Oberta de Catalunya

tecnófobo, tecnófoba m. y f. y adj.

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