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La etología es la ciencia que estudia el comportamiento de los animales sociales, es decir, de aquellos que interactúan de una forma intensa con otros miembros de su especie, entre los que el hombre ocupa también un lugar. El grado extremo de este vínculo se denomina eusocialibilidad, que remite a sociedades fuertemente organizadas como, por ejemplo, la de las abejas, en las que incluso existen individuos —eusociales— especializados en ciertas actividades.

Es de sobra conocido, en este sentido, el interés científico que a lo largo del siglo xx y hasta nuestros días ha despertado la conducta de ciertos primates (humanos, gorilas, chimpancés), otros mamíferos terrestres (cánidos —particularmente lobos—, leones, elefantes) y marinos (ballenas, delfines), aves (pingüinos, loros, cuervos) o insectos (hormigas, abejas). En este ámbito, alfa, del mismo modo que dominante, designa a un individuo que ostenta un rango superior, ya se trate de un macho, de una hembra o de una pareja. Ese liderazgo, por lo general, se consigue a partir de determinadas aptitudes y cualidades físicas, lo que conlleva en algunos casos ciertos privilegios, como el derecho de apareamiento y, asimismo, ciertas obligaciones, como el cuidado y protección de la manada.

imagen en sombra de un hombre
Flickr (Babak Fakhamzadeh)

Desde la zoología el término macho alfa se extendió al ser humano, si bien con distintos matices. De esta manera conseguiría penetrar en otras disciplinas, como la antropología y la psicología, para después asentarse con enorme vitalidad en la lengua estándar. Lo confirma la historia del inglés alpha male, compuesto formado a través de la yuxtaposición de dos sustantivos —del tipo buque escuela o falda pantalón— que adoptó buena parte de los idiomas conocidos. A pesar de ello, parece que la lexicografía británica ha sido la única en concederle hasta ahora un espacio propio; por lo que respecta a la española, no se halla recogido ni en los diccionarios generales (Clave, DEA, Diccionario de americanismos de la ASALE, DRAE23, DUE, VOXUSO) ni en los de neologismos (Alvar, Alvar2, NEOMM); tampoco se encuentra en los principales diccionarios de otras lenguas románicas, como el francés, el italiano o el portugués.

Así, y de acuerdo con la información proporcionada por el Oxford English Dictionary, su primera documentación en el área anglosajona se remonta a 1938, aplicado a la descripción de la jerarquía social en los ratones albinos:

  • The despot may be regarded as the primary dominant, or alpha male, and the male subordinate to him but dominant over others as secondary dominant, or beta male. [J. Uhrich, «The social hierarchy in albino mice», Journal of Comparative Psychology, 25, 2, 1938, p. 386]

En este punto, sin embargo, no conviene pasar por alto el hecho de que, en 1932, Aldous Huxley —nieto, hijo y hermano de eminentes biólogos— había dividido a los dos mil millones de habitantes de su Brave New World (Un mundo feliz) en cinco clases o castas: los alfas, que controlan la sociedad, y los betas, sus subordinados, detrás de los cuales, según su nivel de inteligencia, se sitúan los gammas, deltas y epsilones. Por consiguiente, no sería descabellado sospechar una influencia de esta novela en la nomenclatura zoológica inglesa.

Por lo que se refiere al español, los primeros testimonios, tanto en el terreno científico como en el de la lengua común, aparecen fechados en 2002 y 2003 de acuerdo con los datos ofrecidos por el CREA:

  • Sin embargo, es sabido que nuestros parientes más próximos en el mundo viviente, esto es, otros primates, a veces practican estrategias similares. Frans de Waal, por ejemplo, ha descrito algunos casos de conducta de coalición en chimpancés, consistente en la unión de animales individualmente más débiles para desbancar al macho alfa local [J. L. González de Rivera, El maltrato psicológico. Cómo defenderse del mobbing y otras formar de acoso, Madrid, Espasa Calpe, 2002, p. 79].
  • Repito: muy sencillo. Se trata de la competencia mortal que existe en la naturaleza. Los hombres más violentos dominan en las sociedades primitivas. Supongo que ha oído el término «macho alfa». Entre los lobos, por ejemplo, el macho más agresivo controla a todos los demás y se queda con las mejores hembras. Entre los humanos es lo mismo: los hombres más violentos mandan, obtienen más mujeres y pasan sus genes a más hijos. Los otros deben conformarse con lo que sobra, ¿entiende? Es la supervivencia del más fuerte [I. Allende, La ciudad de las bestias, Barcelona, Montena, 2002, pp. 47-48].
  • ¿El atacar en manada, como los lobos, asumiendo el que se sepa más chistes de los amigos el liderazgo de macho alfa? [D. Gistau, «El ligue», La Razón, 19/12/2003].

Dadas las características de estos bancos de datos léxicos, es presumible que las fechas puedan retrotraerse sin demasiada dificultad, si bien llama la atención ese entrecomillado que utiliza Allende —en dos ocasiones en la misma novela—, con el que pretendería marcarse la novedad o la extrañeza del vocablo, al menos fuera de la prosa especializada. No obstante, su difusión no se hizo esperar, pues frente a las cuatro ocurrencias en tres documentos diferentes que arroja el CREA, contamos con los cuarenta casos en treinta y siete textos que proporciona el CORPES XXI, datados entre 2002 y 2012 (entre los que se hallan también incluidos los cuatro recogidos en el CREA). Y una sencilla búsqueda en Google pone de manifiesto su creciente grado de difusión y su consumada aceptación en el español actual: 530.000 resultados para macho alfa, 160.000 para machos alfa y 24.700 para machos alfas, plural que, aunque agramatical, se explica por el hecho de que el segundo sustantivo puede funcionar, con el mismo valor, como atributo del primero en oraciones copulativas (Diccionario Panhispánico de Dudas, s. v. plural).

Precisamente, y como ya se ha advertido, un repaso de los contextos muestra cómo el compuesto, aplicado a los hombres, presenta una gama de referentes y de connotaciones, sin duda debidos a la evolución de ciertos modelos sociales de conducta y de los cánones de belleza. Por ejemplo, el término puede remitir a un hombre poderoso o de un estatus social alto, cualidades que le convierten en una especie de paradigma de la masculinidad, digno de ser admirado e imitado. Pero si se aplica a adolescentes señala a aquellos que rivalizan por destacar, por llamar la atención a partir de su oposición a todo y a todos, de manera particular a sus iguales y a quienes personifican la autoridad. Por último, identifica a aquellos hombres que, por considerar que poseen las características adecuadas, intentan asumir un rol de liderazgo en su trabajo o en sus relaciones personales. En este caso emergen valores peyorativos o humorísticos, sin duda por remitir a unas aptitudes subjetivas, artificiales, que no cuentan con el reconocimiento o la aceptación de los demás:

  • Los relatos de mis amigas —sobre todo, de las amigas hablando de sus amigas— iluminaron mi ignorancia: algunas mujeres necesitan coartadas para tener aquello que los denostados machos alfas buscan sin salir, como quien dice, del rellano de su escalera en el Baix Guinardó. [La Vanguardia (España), 10/03/2014], 10/03/2014]
  • Acostumbrados estamos a hablar de machos alfa, tiburones, mindundis y sensibleros, pero jamás se ha planteado la desconfianza femenina frente a un «hombre inteligente». [La Vanguardia, 9/03/2015]

Sea como sea, de las tres especies descritas la primera es la más recurrente en nuestro mundo occidental, en el que el prototipo de macho alfa es un hombre con poder, con una posición social destacada y con éxito en su profesión, adornado por un siempre subjetivo atractivo físico y el deseo sexual que despierta. Piénsese, por ofrecer el ejemplo más diáfano, en el protagonista de la saga 50 sombras de Grey, que parece representar para muchas personas el ideal contemporáneo de dicho individuo. Una aspiración a la que animan cientos de artículos que recoge la prensa más variada con títulos tan sugerentes como: «Cómo convertirse en un macho alfa: 13 pasos (con fotos)», «Nueve signos claros de que no eres un hombre de verdad», «El decálogo del macho alfa», «Cómo ser el macho alfa (y verse encantador para ellas)», «¿Existe el macho alfa en la especie humana?», etc. De tal forma que incluso se habla desde hace tiempo de un «síndrome del macho alfa», para el que ya existe algún que otro libro de autoayuda.

En la literatura científica, y de nuevo fundamentalmente en la zoología, se encuentran otros compuestos como macho beta (contendiente y subordinado del alfa) y macho omega (que ocupa el escalafón más bajo de la jerarquía social). Parece que ambos se están popularizando también en la lengua española para identificar otros tantos tipos de hombre. Tal vez algún día haya que solicitar su inclusión en los diccionarios, hueco que sí merece en estos momentos macho alfa.

Mariano Quirós García
Instituto de Lengua, Literatura y Antropología
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (España)

macho alfa m.

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