Hay palabras que no necesitan alzar la voz para provocar revuelo. Algunas llegan silenciosas, casi sin llamar la atención, pero, una vez en el discurso público, no dejan indiferente a nadie. Este parece ser el caso de macrogranja, un neologismo que, aunque en apariencia es una palabra transparente, se ha cargado de tensiones ideológicas, sensibilidades ecológicas y disputas políticas. No es solo una etiqueta descriptiva: es un diagnóstico en sí mismo. Su carácter mediático hace que realmente el hablante común se cuestione si realmente se trata de un neologismo.

[foto] primer plano de la cabeza de una vaca, de frente mirando a cámara.
Jan Koetsier (Pexels)

Esta palabra empieza a circular con frecuencia a partir de la segunda década del siglo xxi, en particular en el contexto del debate sobre la ganadería intensiva; su fuerza, sin embargo, no reside en su novedad, sino en el modo en que concreta una realidad social compleja con una palabra de formación simple. Macrogranja no necesita mucha explicación: la intuición semántica es inmediata, como si siempre hubiera estado ahí, esperando a ser pronunciada. ¿Quién no imagina al escucharla largas naves industriales, miles de animales encerrados y un entorno rural dividido entre la promesa del empleo y la amenaza del olor?

Desde un punto de vista morfológico, la palabra se ha construido con el prefijo macro-, de origen griego (makrós ‘grande’), y el sustantivo granja. Esta combinación no es novedosa en español, donde con frecuencia encontramos macro- como intensificador: en las palabras macroconcierto o macroencuesta (presentes en el DLE) y macroparque o macroproyecto. No obstante, a diferencia de otros derivados prefijados más técnicos, como macrospora o maromolécula, macrogranja ha logrado instalarse en el discurso general y mediático. Sin embargo, a pesar de que su estructura lingüística es evidente, su significado semántico no lo es tanto: a primera vista, macrogranja sugiere una instalación ganadera de gran tamaño, pero en la mayoría de los contextos macrogranja se asocia a sus efectos colaterales, como la contaminación de acuíferos, el maltrato animal, la industrialización del campo, etc. En este sentido, el neologismo no solo nombra una realidad, sino que la evalúa, la filtra, la posiciona dentro de un marco crítico.

Esto nos lleva a su dimensión pragmática: al denominar una instalación como macrogranja se está marcando una postura, aunque no sea siempre explícita: en el discurso político y mediático, los detractores de la ganadería intensiva la usan para enfatizar los aspectos negativos del modelo productivo y la ruptura consiguiente del equilibrio ambiental; los defensores del sector, por su parte, denuncian el uso del término como un intento de estigmatización:

  • Se trata de una protección de aves donde unos empresarios quieren construir no solo una, sino dos macrogranjas de 9.000 cerdos cada una. Quieren hacerlo a pesar de la oposición del pueblo y del impacto medioambiental y paisajístico [La Vanguardia (España), 18/1/2022]
  • Medio centenar de municipios en Castilla-La Mancha se encuentran en pie de guerra como rechazo a las macrogranjas. [RTVE (España), 15/10/2021]
  • En su relato, Bassaterra señaló que esto es «una forma de presionar a las instituciones» y apuntó contra el presidente español Pedro Sánchez por destinar gran parte del gasto público a corporaciones y macrogranjas que «están destrozando el territorio». [Diario Perfil (Argentina), 7/8/2024]
  • El proyecto de instalar una macrogranja en Bailén podría necesitar hasta 360 000  l de agua diaria, lo que generaría preocupación entre vecinos por el acuífero local. [El Periódico (España), 6/1/2023]

Cabe destacar que macrogranja no es el único término en circulación para referirse a estas explotaciones ganaderas de gran escala. Si macrogranja es la denominación que se usa en España, en distintos medios latinoamericanos han emergido sinónimos con igual carga crítica, pero con un cambio de prefijo a favor de mega- como megagranja o megafactoría (que coincide con la forma inglesa mega-farm), que refuerzan la idea de desmesura e industrialización:

  • Mega granjas que consumirían 6.000 litros de agua por kilo de carne. [Diálogo Américas (Argentina), 2/12/2021]
  • Un polémico proyecto de instalación de mega granjas de cerdos con inversiones chinas ha generado un amplio rechazo de la sociedad civil argentina. [Diálogo Américas, (Argentina), 15/7/2022]
  • El mismo derrotero irresponsable, dijo, ha seguido el país ofertando sus recursos hidrológicos superficiales y profundos a industrias, cultivos de plantaciones de agroexportación y megagranjas altamente demandantes de agua, todo lo cual ha tenido consecuencias catastróficas, cómo la destrucción paralela de la soberanía alimentaria y el socavamiento de la salud de los mexicanos. [La Jornada (México), 2/1/2014]

A pesar de que esta palabra ya tiene cerca de una década de recorrido con una presencia significativa, no figura todavía en ninguno de los principales diccionarios del español (ni de otras lenguas), si bien su frecuencia de uso y el hecho de que se trata de una palabra que no es completamente transparente desde el punto de vista semántico hacen creer que su inclusión no debería tardar ya: encapsula una realidad emergente y controvertida. Es, al mismo tiempo, palabra y diagnóstico, denominación y conflicto. Y, como sucede con las palabras que importan, no puede usarse sin tomar partido.

Aya El Harroun Laghrifi
Universitat Rovira i Virgili (España)

macrogranja f.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *