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El sintagma memoria histórica se utiliza en el castellano actual con un significado especializado: ‘recuerdo colectivo o recuerdo extendido en una comunidad sobre acontecimientos de su pasado’. Este significado podría ser interpretado como composicional pues el sustantivo memoria queda definido de manera interpretable desde la segunda edición del María Moliner (DUE 1998):

2. Presencia en la mente de alguien determinado o de la gente de algo pasado: ‘No queda memoria de tal hecho’.= *Recuerdo. Conciencia del pasado histórico.

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Flickr (Jose Cepeda)

Otros diccionarios se acercan también en el artículo memoria. Y el adjetivo histórico, -ca, tiene el valor generalizado de la acepción 4.ª de historia: ‘conjunto de los sucesos o hechos políticos, sociales, económicos, culturales, etc., de un pueblo o de una nación’ (DRAE23). Este valor se desprende de los usos, tanto en España como en Latinoamérica:

  • Los judíos catalanes también quieren recuperar su memoria histórica. [El País (España), 30/07/2007]

Sin embargo, su sintagmación, su especialización semántica y su frecuencia en los medios lo han convertido en un compuesto sintáctico. Su sustituto más cercano, en la teoría de la historia de los pueblos, es memoria colectiva:

  • La matanza de Tiananmen […] es una de las heridas más profundas de la memoria colectiva china, especialmente en Pekín, donde llegaron a manifestarse en algunos momentos más de 300.000 personas. [El País (España), 3/06/2009]

Quizá por esta interpretación composicional se explique su ausencia en los diccionarios generales y en los diccionarios de neologismos, como Alvar2 o NEOMM . En el CORDE se encuentran dos ejemplos del siglo xix (1877, 1885), en que memoria está en la acepción de ‘trabajo académico sobre un tema histórico’; igualmente, en 1915 y en los años cincuenta, hay usos de Jesús Fueyo (1950) y de Laín Entralgo (1957). En total se encuentran seis casos del grupo memoria histórica en su sentido composicional antes de 1975. Fue el sociólogo Maurice Halbwachs quien en la monografía póstuma La mémoire collective (Les Presses Universitaires de France, 1950) fraguó el concepto teórico del que proviene memoria histórica, ing. historical memory.

Estas locuciones memoria histórica y memoria colectiva se combinan, tanto en países americanos como en España, con tener, carecer de, estar dotado de, recobrar la, recuperar la, perder la, quedar en la memoria colectiva/histórica; y por la izquierda con Asociación Nacional de la, Centro Documental de la, Comisión por la Recuperación de la, Ley de la, Área de, Comisión Cívica para la Recuperación de la memoria colectiva/histórica. Combinaciones estas últimas que muestran el valor político que han tomado para luchar contra el silencio y el olvido de periodos de falta de libertad en los países que han sufrido una dictadura, como España, Argentina, Nicaragua o Chile. Se han utilizado en procesos de superación de los regímenes dictatoriales, momentos en los que lógicamente se han cargado de ideología reivindicativa. Poco a poco se evita la denominación memoria colectiva y se utiliza memoria histórica, preferentemente en los medios de comunicación, para poner el foco en los acontecimientos concretos del pasado que hay que recordar y no en el sujeto que debería guardarlos en la memoria, la colectividad.

El primer uso documentado en el CREA es precisamente de 1977 y ya tiene este marcado sentido ideológico:

  • Todos estos documentos elaborados con el dinero de los contribuyentes y contra su propia sangre son la memoria histórica de la parte más vergonzosa de nuestro pasado. [El País (España), 18/09/1977]

El CREA salta a 1984 para ofrecer otro uso de la misma procedencia:

  • Las palabras utopía, realismo, ilusión y memoria histórica se han mezclado estos días en los discursos y debates de los congresistas que han discutido en la Fundación Cini, de Venecia, sobre la hipótesis de una unidad europea construida desde el concepto de cultura considerada en un sentido amplio y global. [El País (España), 1/04/1984]

La consulta de CORPES XXI, que recoge textos a partir de 2001, ofrece usos generalizados en España, Argentina, Uruguay, Costa Rica, Chile, México, Guatemala, Cuba, Perú, Panamá, Puerto Rico, Colombia, Venezuela, República Dominicana y Bolivia:

  • Los personajes civiles son los protagonistas de sus novelas. ¿Venezuela debe reescribir su memoria histórica desde la civilidad? [El Universal (Venezuela), 9/01/2012]
  • Rodríguez afirmó que este encuentro de cultura ancestral es de gran relevancia, ya que pretende transmitir y conservar en los niños y jóvenes las tradiciones de la región, y así mantener una memoria histórica que permanezca dentro de la vida cotidiana de los habitantes. [Liberal (México), 18/12/2012]
  • Amelia se une a un grupo de pintores más jóvenes como Mariano Rodríguez y René Portocarrero, quienes deciden emprender el rescate de la memoria histórica de las raíces hispánicas de la cultura cubana. [La Jiribilla (Cuba), 19/03/2011]

Los datos de frecuencia que ofrece este corpus, 626 casos en 428 documentos, parecen fáciles de interpretar a simple vista, pues aumentan alrededor de la aprobación en el Parlamento español de la Ley de la Memoria Histórica (Ley 52/2007 de 26 de diciembre). Sobresalen los usos de frecuencia normalizada en Nicaragua y en España entre 2005-2010, fechas de la Ley, y se advierte un uso decreciente entre 2011-2015.

Si se analiza la redacción del documento legislativo, la denominación memoria histórica se encuentra solamente en el título de la Ley y en el artículo 20, por el que se crea el Centro Documental de la Memoria Histórica y Archivo General de la Guerra Civil. En la exposición de motivos del texto aparece memoria democrática: «…la Ley sienta las bases para que los poderes públicos lleven a cabo políticas públicas dirigidas al conocimiento de nuestra historia y al fomento de la memoria democrática». Y siguiendo el estudio de la adjetivación utilizada en la Exposición de motivos, se encuentra la particularidad de limitar la memoria a las familias y a las personas particulares afectadas:

Se reconoce, en este sentido, un derecho individual a la memoria personal y familiar de cada ciudadano, que encuentra su primera manifestación en la Ley en el reconocimiento general que en la misma se proclama en su Artículo 2.

No es tarea del legislador implantar una determinada memoria colectiva. Pero sí es deber del legislador, y cometido de la ley, reparar a las víctimas, consagrar y proteger, con el máximo vigor normativo, el derecho a la memoria personal y familiar como expresión de plena ciudadanía democrática […].

Lo anterior se desarrolla en el Artículo 2 de Reconocimiento general, en donde con precisión se circunscribe el periodo histórico al que alcanza la memoria:

Se reconoce y declara el carácter radicalmente injusto de todas las condenas, sanciones y cualesquiera formas de violencia personal producidas por razones políticas, ideológicas o de creencia religiosa, durante la Guerra Civil, así como las sufridas por las mismas causas durante la Dictadura.

En resumen, el uso continuado del término memoria histórica toma un significado de memoria de hechos injustos y silenciados del pasado, cargado de intención reivindicativa, a lo que se añade la conveniencia o exigencia de conservar ese pasado en el presente de la sociedad. Ese interés por conservar en el presente unos acontecimientos pasados lo señala un historiador como García Cárcel en La herencia del pasado (2011):

Hoy el presente lo invade todo, lo explica todo. Esa sobredosis de presentismo está bien reflejada en el uso y abuso de la llamada memoria histórica, que en España se ha condensado en la explicación de nuestros traumas más recientes (República, guerra civil y franquismo) en clave de alineamiento político actual, demasiadas veces sectario, con connotaciones casi épicas, de memoria-rescate.

Paz Battaner
Universitat Pompeu Fabra (España)

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