El artículo de Maria Ysàs Solanes, publicado en Derecho Animal (vol. 5, n.º 1, 2014), analiza una sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona sobre un caso de mordedura de perro ocurrido en un pipicán. La autora observa que, aunque se trata de una palabra conocida en el uso cotidiano, resulta pertinente precisar su alcance jurídico. Para ello recurre a dos fuentes complementarias —una definición veterinaria y otra normativa— que delimitan el significado de la palabra: el pipicán es un espacio vallado y acondicionado donde los perros pueden correr y hacer sus necesidades, reconocido en la Ordenanza Municipal de Barcelona del 22 de diciembre de 2003 (art. 25) como un espacio reservado a los animales y regulado para garantizar la higiene y la seguridad. La palabra aparece así en pleno proceso de integración en el lenguaje administrativo y jurídico, aunque todavía no figure en los diccionarios de la lengua española.

[foto] tres perros mirando de frente
Anoir Chafik (Unsplash)

La palabra pipicán ha adoptado a lo largo del tiempo diversas variantes gráficas que reflejan su evolución lingüística y su progresiva integración en el español. La forma más antigua, pipí-can, aparece a comienzos de los años noventa y constituye la primera versión documentada del neologismo. Desde una perspectiva comunicativa, la palabra surge de la necesidad de nombrar una realidad urbana nueva que comenzó a desarrollarse en las ciudades españolas en esa misma década, cuando los ayuntamientos empezaron a habilitar zonas específicas para perros con el fin de mantener la limpieza y la convivencia en el espacio público. Paralelamente, se difunde la variante pipi-can, de influencia catalana, aunque su presencia es limitada y no llega a consolidarse. A mediados de los años dos mil emerge pipican, una forma sin guion que refleja una simplificación gráfica y una mayor adecuación al sistema lingüístico del español. Esta forma convive con pipicán con acento que comienza a generalizarse desde finales de los noventa hasta convertirse en la más frecuente y reconocida en la actualidad. En conjunto, la evolución de la palabra muestra un proceso de estabilización que va de las primeras variantes influenciadas por el catalán a dos grafías consolidadas —pipican y pipicán—, con una clara preferencia de uso por la segunda.

Esta evolución gráfica y de uso ha dado lugar a una propuesta de normalización ortográfica. La FundéuRAE ha publicado una recomendación en la que establece de forma clara que la grafía correcta es pipicán, escrita en una sola palabra y con tilde en la a, conforme a las reglas de la ortografía española. Además, aclara que no es necesario emplear comillas, ya que se trata de una palabra de uso común que no debe considerarse ni un extranjerismo ni un vulgarismo. Todo ello muestra que este neologismo lexicográfico se percibe hoy como una palabra normalizada y ampliamente difundida, aunque mantiene un tono coloquial y ciudadano.

Pipicán es un compuesto nominal de género masculino formado por la unión de dos bases léxicas: pipi (voz infantil que significa ‘orina’) y can (forma culta de ‘perro’, procedente del latín CANIS). Aunque su núcleo semántico es exocéntrico y, por tanto, no plenamente transparente, el término se percibe como una creación funcional, formada por un primer elemento de uso familiar para los hablantes (pipi) y por un segundo término (can), que evoca también una lectura escatológica por su sonoridad cacofónica. Esta combinación le confiere un valor expresivo —por su tono coloquial— y, al mismo tiempo, una precisión semántica, al designar un tipo concreto de espacio urbano destinado a los perros. Gracias a esta doble naturaleza, funcional y próxima al hablante, pipicán se ha difundido rápidamente en los medios de comunicación, en la administración y en el uso común:

  • La Concejalía de Sanidad ha dado respuesta a la denuncia que hace unos días hizo pública Los Verdes sobre las malas condiciones higiénicas en las que se encontraba el pipican de la Plaza de la Habana. [La Verdad.es (España), 23/7/2011]
  • Quejas de vecinos por los excrementos de perros en el parque Huerta Rosario de Chiclana… reclaman mayor control y que se habilite el pipicán existente en la zona. [Diario de Cádiz (España), 1/1/2025]

Hoy el neologismo aparece también en contextos comerciales —como pipican.es, Amazon o Ultima-Affinity—, donde la palabra designa no solo el espacio urbano, sino también productos o dispositivos domésticos vinculados a la higiene canina. Esta ampliación semántica demuestra su plena integración en el léxico común y su consolidación como palabra de uso general.

Aparte del ámbito catalán, donde el neologismo ha desarrollado variantes propias como pipicà, no se documenta en otras lenguas un compuesto equivalente al español pipicán. En inglés se emplean expresiones descriptivas como dog park u off-leash dog area; en francés, el término especializado es canisette; y en italiano se usan perífrasis como area di sgambamento per cani o area cani. Es más, no es una variante extendida por todo el territorio hispanohablante puesto que en América Latina predominan denominaciones como parque canino o área para perros. Como curiosidad es interesante constatar que este mismo procedimiento semántico-fonológico se encuentra en el dialecto véneto, en el que existe pissacan, término formado por los mismos elementos léxicos —pissar ‘orinar’ y can ‘perro’—, aunque aplicado a una planta, un referente, pues, del ámbito botánico y rural.

El recorrido de la palabra pipicán muestra cómo un neologismo nacido en la vida cotidiana para responder a una necesidad comunicativa concreta puede integrarse progresivamente en distintos registros y consolidarse en el uso. En definitiva, constituye un ejemplo representativo de creación léxica funcional y socialmente asentada, digna de ocupar un lugar estable en el patrimonio léxico del español actual.

Marta Signorato
Máster en Formación de Profesores de Español como Lengua Extranjera
Universitat de Barcelona-Universitat Pompeu Fabra (España)

pipicán m.

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