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La integración de las nuevas tecnologías de la informática y de las telecomunicaciones en nuestros hogares ha facilitado la comunicación entre varios dispositivos como, por ejemplo, el mando a distancia, que se comunica con el televisor vía infrarrojos. Pero antes de que llegara esta revolución tecnológica había un inconveniente: los cables, que servían como medio físico de comunicación entre estos dispositivos electrónicos, provocaban cierta incomodidad para quienes los tenían que manejar. De esta imperiosa necesidad de desarrollar un sistema abierto, universal e inalámbrico que permitiera la interconexión entre diferentes equipos informáticos y telefónicos surgió el concepto de bluetooth.

Icono de la tecnología Bluetooth
Pixabay

El bluetooth es una tecnología sin hilos que sirve para conectar e intercambiar información entre dispositivos electrónicos, generalmente teléfonos móviles, ordenadores, agendas electrónicas o cámaras digitales que se encuentran a una cierta distancia (a unos 10 metros de alcance), eliminando así los cables de los periféricos como los de los auriculares, las impresoras o los teclados. Este sistema, que proporciona una mayor flexibilidad y movilidad en las comunicaciones de los dispositivos, es de bajo consumo e incluso ofrece la posibilidad de crear pequeñas redes inalámbricas y facilitar la sincronización de datos entre equipos personales. Muchos fabricantes de coches ya incluyen como opción en sus vehículos el equipamiento de manos libres basado en esta tecnología, puesto que permite mantener conversaciones telefónicas sin emplear las manos.

Si bien es cierto que este neologismo ha llegado a nuestra lengua a través del inglés, al igual que muchos otros términos del ámbito de la tecnología, no se trata de un préstamo. En realidad, el origen de este sistema de conexión esconde una historia curiosa. En el año 1994 dos ingenieros que trabajaban para la compañía Ericsson en Suecia, Jaap Haartsen y Mattisson Sven, desarrollaron esta tecnología. En 1997, otro ingeniero norteamericano llamado Jim Kardach sugirió el nombre Bluetooth, que es la traducción al inglés del apellido del rey vikingo Harald Blåtand (911-987), conocido por unificar las tribus de Dinamarca, Suecia y Noruega y convertirlas en una sola comunidad cristiana. Su capacidad de ayudar y aglomerar a la gente mantiene cierto paralelismo con esta tecnología, que permite la unificación de la comunicación de los sistemas digitales en una red. De hecho, el logotipo que lanzó la empresa sueca combina las letras hagall (ᚼ) y berkana (ᛒ) procedentes del alfabeto rúnico, las cuales corresponden a las iniciales del nombre y apellido del monarca escandinavo. Además, la leyenda cuenta que Harald Bluetooth era un apasionado de los arándanos y por eso se decía que tenía un diente azul debido al jugo de este fruto. Este rasgo tan peculiar, que también vemos reflejado en el apodo en inglés (bluetooth significa literalmente ‘diente azul’), es el motivo por el que el diseño del bluetooth es de color azul.

Según el Oxford English Dictionary, la primera vez que aparece este neologismo es en InfoWorld, un medio de comunicación en línea dedicado las tecnologías de la información y la comunicación en 1998, año en el que Bluetooth vio la luz y muchos llegaron a pensar que haría la competencia a otro sistema de conexión como el wifi. Es tres años más tarde cuando este sistema se implanta en los dispositivos y el Observatori de Neologia recoge el primer contexto de aparición. Sin embargo, antes de 2001 se pueden encontrar contextos en los que aparece el neologismo con mayúscula inicial, puesto que se trata de una marca registrada:

  • Esta idea podrá convertirse en realidad dentro de poco si se cumplen las esperanzas depositadas por la industria de la tecnología Bluetooth. [La Vanguardia (España), 31/08/2000]

En la mayoría de los contextos recogidos, la forma bluetooth aparece como sustantivo, pero también se usa en aposición, acompañando a nombres como conexión, tecnología o sistema:

  • Perder una llamada, e incluso extraviar el celular mismo, podrían ser un problema del pasado cuando Citizen ponga a la venta un reloj con capacidad de conexión bluetooth (inalámbrica) que permitirá recibir mensajes de texto y hasta ubicar la posición del teléfono dentro de un radio de alcance de 10 metros. [Clarín (Argentina), 12/06/2006]
  • Y es que todos los asistentes que tengan celulares con tecnología bluetooth podrán descargar gratuitamente contenidos del equipo de sus amores, tecnología que estará a cargo de la empresa europea SitMobile. [El Mercurio (Chile), 22/11/2008]
  • Estos registros atraviesan por varias etapas; posteriormente, los datos son enviados al microcontrolador y por medio de un sistema bluetooth la señal viaja a un teléfono celular, que contiene un sistema operativo Android que envía los datos a un servidor. [La Jornada (México) 24/09/2012]
  • Echo también incluye un altoparlante de 360 grados que le permitirá escuchar con un sonido envolvente la música almacenada en la biblioteca personal de la nube de Amazon y de servicios en línea como Spotify o Pandora Media desde un celular o tableta conectada por bluetooth. [El Tiempo (Colombia), 7/11/2014]
  • La policía alertó que ahora los ladrones activan el bluetooth de un smartphone y buscan emparejarlo con otros teléfonos inteligentes que estén a su alrededor. [El Comercio (Perú), 31/05/2016]

Las fuentes lexicográficas de otras lenguas cercanas ya incorporan este vocablo: en italiano lo hemos encontrado en el Dizionari Garzanti definido como la ‘técnica de telecomunicación inalámbrica basada en la comunicación entre diferentes dispositivos (ordenadores y sus periféricos, equipos de reproducción de sonido, proyectores, televisores, teléfonos, electrodomésticos, etc.)’; en francés, en Le Petit Robert y Le Grand Robert; y en portugués, en el Dicionário Priberam da Língua Portuguesa.

Si consultamos los distintos diccionarios de neologismos en español, solo aparece en el de María Moliner (NEOMM) recogido como el ‘sistema de conexión inalámbrico basado en el uso de ondas de radio de corto alcance, que permite la transmisión de datos entre varios dispositivos electrónicos, por ejemplo entre un teléfono móvil y un ordenador’, además de especificarse que se trata de una marca registrada. Por el contrario, no figura en los demás diccionarios de neologismos Alvar2 y DEA ni en los de uso Clave y VOXUSO.

Es bien sabido que la inclusión de voces provenientes de marcas registradas en los repertorios lexicográficos no es tarea fácil, pues hay restricciones legales y es un proceso que requiere tiempo para asimilar el origen. Sin embargo, es necesario que dicha palabra llene un vacío denominativo en esa lengua a medida que vaya aumentando su frecuencia de uso y su aparición en los textos escritos con minúscula inicial, tal y como sucede con el neologismo que nos ocupa. Asimismo, en el DRAE ya tienen un lugar palabras que en su origen son marcas registradas como aspirina, clínex, jacuzzi, velcro o wifi, esta última introducida en la 23.ª edición de 2014. A todo esto hay que añadir la presencia de bluetooth en los principales diccionarios de lenguas románicas. Por lo tanto, ahora solo queda esperar que los académicos valoren la posibilidad de entrar esta marca registrada que ha hecho su propio recorrido y ya forma parte de nuestro lenguaje cotidiano.

Martí Freixas Cardona
Observatori de Neologia
Universitat Pompeu Fabra (España)

bluetooth m. y adj.

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