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El cambio climático es un hecho: la década de 2010 fue la más cálida de la historia y el año 2019 fue el más caluroso de Europa y el segundo más cálido a escala mundial desde que se tienen registros. Ante la gravedad que supone el calentamiento global, no es de extrañar que el diccionario de la prestigiosa Universidad de Oxford eligiera como palabra del año 2019 climate emergency ‘emergencia climática’, definiéndola como la ‘situación en la que se requieren medidas urgentes para reducir o detener el cambio climático y evitar el daño ambiental potencialmente irreversible resultante de este proceso’. De hecho, no solo en inglés se escogió este sintagma como palabra representativa del año, sino que también lo hizo el catalán, lengua en la que se proclamó neologismo del año, empatado, por la mínima, con animalista (en este caso, no fue ninguna institución la que eligió el vocablo nuevo, sino los mismos hablantes mediante una votación en línea convocada por el Observatori de Neologia y el Institut d’Estudis Catalans).

Fotografía de un trozo de tierra que se resquebraja por falta de agua con un pequeño brote verde a la izquierda.
Pixabay

Según apuntan algunos medios, la primera referencia de este sintagma se dio en una carta abierta publicada en el diario australiano The Age en junio de 2016 y firmada por más de una decena de personalidades, entre ellos científicos, empresarios y ambientalistas australianos de relevancia nacional. En ese artículo, se pone en entredicho la viabilidad de las medidas pactadas en el Acuerdo de París, celebrado en abril de ese mismo año, aunque redactado en 2015, y cuyo objetivo era frenar los efectos del cambio climático. Por ello, en la carta se apelaba directamente a los líderes políticos para que no se demorasen en declarar la emergencia climática con el fin de dar los primeros pasos en esta lucha. De ese mismo año es también la primera documentación registrada en la base de datos del Observatori de Neologia:

  • Por eso, Guggenheim, Armstrong, Orlowski, Rothwell y Kenner son, para nosotros, directores imprescindibles que nos han acercado a la emergencia climática de nuestro planeta. [El País (España), 09/06/2016]

Este neologismo lexicográfico comenzó a cobrar especial fuerza entre la población cuando varias ciudades empezaron a declarar el estado de emergencia climática. Durante 2019, distintas comunidades, regiones y países, como Irlanda, Canadá o Francia, se fueron sumando a esta declaración hasta llegar alrededor de novecientas entidades en todo el mundo, según datos recopilados por la ONG Climate Emergency Declaration and Mobilisation In Action (Cedamia).

El año 2019 también está marcado por las manifestaciones por el clima en septiembre, con la joven activista ambiental Greta Thunberg al frente como cara más visible de estas protestas. La primera de las huelgas, en la que participaron cuatro millones de personas en más de ciento cincuenta países, tuvo lugar en vísperas de la Cumbre sobre la Acción Climática de las Naciones Unidas. Y no fue la única cumbre celebrada: en diciembre, se llevó a cabo en Madrid la Cumbre del Clima (COP25), justo unas semanas antes de que el Parlamento Europeo declarara también la emergencia climática en la UE, por lo que se convirtió en el primer continente en hacerlo.

No cabe duda de que tal repercusión mediática debido a las movilizaciones contribuyó a la difusión del neologismo que aquí nos atañe, puesto que su frecuencia de uso se acrecentó a partir de noviembre de 2019. A continuación, se muestran algunos contextos en los que aparece recogido emergencia climática:

  • Frente a la emergencia climática, los países se comprometieron, en 2015 en París, en poner en marcha planes de reducción de las emisiones de gases con efecto invernadero, pero las emisiones mundiales no dejan de crecer. [El Tiempo (Colombia), 25/11/2019]
  • La activista sueca Greta Thunberg criticó en el Foro Davos la falta de acción y de compromiso ante la emergencia climática [La Jornada (México), 21/01/2020]
  • Merkel ha lamentado que la UE no tenga una política única frente a China y de ahí la necesidad de esta cumbre, en la que espera abordar entre otras cuestiones la protección de las inversiones, algo para lo que se requiere «flexibilidad» por ambas partes, así como la lucha contra la emergencia climática y la reducción de emisiones. [El Mercurio (Chile), 23/01/2020]

Ante este incremento en los medios, la Fundación del Español Urgente (Fundéu) se apresuró a concretar que emergencia climática es el «término más preciso para aludir a una dimensión temporal corta para actuar y que verazmente traslada la necesidad de adoptar medidas intensas desde ya para afrontar el problema». Así pues, en este caso, la denominación de emergencia, relacionada habitualmente con la sanidad, la salud personal y los hospitales, pasa a aludir otro tipo de urgencia, aunque sin perder la noción original del sustantivo que remite tanto a la magnitud del problema como la necesidad de hallar una solución antes de que los daños sean irreversibles. Algunas de estas consecuencias catastróficas ya las padecemos a día de hoy y son visibles en todos los rincones del planeta: acidificación de los océanos, derretimiento de los polos y subida del nivel de mar, fenómenos meteorológicos extremos (inundaciones, supertifones, sequías, olas de calor extremo, por ejemplo), incendios forestales, extinción de especies, cambios en los ecosistemas, desertificación, etc.

En cuanto al adjetivo climático, hay otras muchas voces sintagmáticas de uso recurrente que la incluyen, como acción climática, calentamiento climático (o global), cambio climático, crisis climática, economía climática o negación climática. La creciente preocupación social acerca de la sostenibilidad y el respecto por la naturaleza ha puesto en circulación otras palabras, la mayoría neológicas como basuraleza, biorreciclaje, ecoansiedad, ecocidio, ecofriendly, microplástico, residuo cero, entre otras.

Retomando lo expuesto al principio de estas líneas, emergencia climática resume con acierto el año 2019, así como la mayor crisis a la que nos hemos enfrentado jamás como sociedad. En este sentido, es bastante razonable afirmar que emergencia climática ha pasado a formar parte de nuestro lenguaje cotidiano, junto con cambio climático, sintagma que cuenta con entrada propia en el DLE bajo el lema cambio desde 2014. Pese a que las distintas instituciones de la lengua mencionadas anteriormente avalan el uso de este neologismo, aún no figura en ninguno de los diccionarios de referencia por ser una palabra de reciente aparición (habrá que estar atento a cómo evoluciona su uso y si llega a estabilizarse). Resulta todavía más paradójico que este neologismo no se documente en el Oxford English Dictionary (OED), teniendo en cuenta la elección como palabra del año por parte de los editores y responsables de este diccionario y la celeridad con la que incorpora nuevas voces cada mes en su lemario. Sin embargo, solo aparece con entrada propia en el Oxford Learner’s Dictionary, la versión reducida del OED dirigida a hablantes no nativos de inglés.

En definitiva, la inclusión de esta palabra en los diccionarios parece más que justificada, del mismo modo que el calentamiento global es una realidad. En nuestras manos tenemos ahora la responsabilidad de cuidar nuestro planeta, adoptando medidas concretas y a tiempo orientadas a reducir la emisión de gases de efecto invernadero y a frenar la pérdida de la biodiversidad, con el único fin de alcanzar esa neutralidad climática de la que tantos científicos hablan.

Martí Freixas Cardona
Observatori de Neologia
Universitat Pompeu Fabra (España)

emergencia climática f.

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