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En el español actual se emplea con frecuencia el término hobbit para hacer referencia a seres imaginarios de baja estatura y grandes pies propios de los personajes del mundo literario del escritor británico J. R. R. Tolkien. Esta voz proviene del anglosajón hol-bytla que significa ‘constructor/habitante de agujeros’, tal como indicó el mismo autor en los apéndices de El Señor de los Anillos. Sin embargo, no es la única acepción del vocablo, ya que en el año 2003 se hallaron en la cueva Liang Bua de la isla de Flores, en Indonesia, restos de especímenes (Homo floresiensis) cuyo tamaño no superaba el metro de altura y el cerebro era pequeño, de ahí que recibieran el apelativo de hobbits debido a sus características físicas similares a la de los seres ficticios de El hobbit.

Imagen de dos hobbits.
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J. R. R. Tolkien (1892-1973) fue, además de un reconocido escritor, filólogo y profesor universitario en la Universidad de Leeds y en la Universidad de Oxford. Su interés por los idiomas comenzó cuando todavía era un niño y su madre le enseñaba alemán, francés y latín, lenguas que aprendía mientras en el colegio estudiaba inglés antiguo, inglés medio, gótico, griego, finlandés, noruego antiguo, belga medieval, belga, italiano y español. Asimismo, adquirió conocimientos de danés, eslovaco, lombardo, neerlandés, ruso, serbio y sueco.

Gracias a su fascinación por el lenguaje —y a su facilidad para aprender diferentes idiomas— estudió Filología y ayudó como lexicógrafo en la redacción de la primera edición del Oxford English Dictionary, labor que abandonaría al cabo de dos años para dedicarse a la producción literaria y a la carrera académica. Paralelamente a su profesión de filólogo estaba su apego por crear lenguas inventadas, de ahí que llegara a emplear quince idiomas en su vasta obra, aunque solo dos de ellos estén desarrollados y tengan gramáticas completas: el quenya —la lengua de los elfos de Valinor— y el sindarin —la lengua más hablada en la Tierra Media, el élfico gris—.

Del resto, aunque en mayor o menor medida están todas incompletas, podemos destacar las lenguas élficas: telerin, doriathin, ilkorin y nandorin. Además, también encontramos el adunaico y el khuzdul, así como dos lenguas fragmentarias: la lengua negra y el valarin. Si bien aparecen otras lenguas mencionadas en su obra, apenas pasa de la mera alusión, es decir, nos dice que existen y utiliza alguna palabra o nombre propio, pero no va más allá, como es el caso de la lengua rohirrim o el éntico.

Ahora bien, es importante señalar que todas estas lenguas no aparecen únicamente en un escrito de Tolkien, sino que las podemos encontrar en toda su obra literaria, en la que creó un universo mítico, poblado de dioses, enanos, hombres, hobbits, orcos o elfos, y en el que todos ellos debían hablar su propia lengua. Por eso, aunque empezó a experimentar con estas lenguas tímidamente en El hobbit y ampliamente en El Señor de los Anillos, en la que aparecen muchas de estas hablas, no son menos importantes textos como el Silmallirion, editado y publicado de manera póstuma por su hijo Christopher, o el Legendarium, en los que describe toda una mitología sobre la Tierra Media con sus propias lenguas vernáculas, anterior a las aventuras que desarrolló en sus obras más conocidas.

De sus dos novelas más notables, El hobbit vio la luz en el año 1937 y su historia se centra en las aventuras de Bilbo Bolsón —un hobbit que sueña con vivir aventuras, pero que nunca ha salido de La Comarca—, quien acompañado por el mago Gandalf el Gris y un grupo de enanos liderados por Thorin Escudo de Roble intentan recuperar Erebor, el reino de los enanos, y el tesoro que guardan sus muros en posesión del dragón Smaug. Este texto, que el autor empezó como un cuento para sus hijos, se convirtió en la primera gran obra en explorar el universo que Tolkien había creado y donde empieza a mencionar la palabra hobbit, además, ya queda reflejada la diversidad lingüística propia de sus escritos porque la lengua inglesa convive con las runas que utilizan los enanos en su lengua vernácula.

Casi dos décadas después apareció El Señor de los Anillos, publicada en tres volúmenes entre 1954 y 1955, en la que Tolkien enlaza una parte de la historia de Bilbo Bolsón vivida en El hobbit, cuando le gana un extraño anillo a la criatura Gollum, con la de su sobrino Frodo Bolsón, que será el encargado de portar este anillo hasta el monte del Destino, tierra de Mordor, para destruirlo. Con la ayuda de la Compañía del Anillo formada por el mago Gandalf el Gris (más tarde Galdalf el Blanco), dos humanos (Aragorn y Boromir), un enano (Gimli), un elfo (Legolas) y tres pequeños hobbits (Sam, Merry y Pippin), iniciarán un largo viaje que les llevará a recorrer gran parte de la Tierra Media y a coincidir con los habitantes que la pueblan.

Por este motivo, el paisaje lingüístico que ofrece Tolkien en El Señor de los Anillos es el más significativo de sus obras, ya que es donde encontramos la mayor variedad de hablas mencionadas anteriormente porque los personajes que la pueblan se comunican o escriben en sus propias lenguas. De este modo, Tolkien crea una red lingüística que permite diferenciar la forma de hablar de cada personaje de la Tierra Media, el pueblo a que pertenece cada uno y el lugar que ocupa de acuerdo con su posición social.

De hecho, el mapa lingüístico que se refleja en su obra ha llevado a que se elaboren glosarios y catálogos como, por ejemplo, el Diccionario enciclopédico Tolkien, en el que se recogen herramientas fundamentales para entender con mayor claridad el cosmos de la Tierra Media (historias, personajes, pueblos, canciones y lenguas) o la Tolkien. Enciclopedia ilustrada, que reúne tablas cronológicas, árboles genealógicos, mapas o ilustraciones para conocer con mayor profundidad la literatura tolkieniana.

A pesar de la importancia de las obras del autor británico y el uso de la palabra hobbit en español, aún no se recoge su definición en el DRAE23, así como tampoco en Alvar1, Alvar2, Clave, DEA, NEOMM y VOXUSO, a diferencia de lo que sucede con otros personajes de ficción como elfo, supermán o trasgo que sí están incorporados en el DRAE23. No obstante, hobbit sí se halla en el CORPES XXI y en el CREA, donde resulta significativa la presencia del neologismo en países hispanoamericanos como Argentina, Colombia, Puerto Rico, Venezuela, Ecuador y, sobre todo, México.

  • La historia se inscribe en el contexto de una mitología inventada, la más vasta y compleja que haya salido de la mente de un solo creador. La aventura sucede en la Tercera Edad de la Tierra Media y sus protagonistas pertenecen a las especies de seres inteligentes que poblaban la tierra en ese lejanísimo pasado: elfos, enanos, hobbits (o gente pequeña), hombres y temibles orcos. [El Comercio (Ecuador), 22/12/2001]
  • Si bien El hobbit se había constituido como el inicio oficial de su carrera de escritor y como su primer éxito literario, las aventuras de Bilbo Bolsón habían sido escritas como un divertimento para sus hijos y distaban del verdadero objetivo del autor. Los favorables resultados traídos por la historia, sin embargo, hicieron que Allen Unwin, la casa editora, le comisionara un segundo libro sobre hobbits. [Revista.unam.mx. Revista Digital Universitaria (México), 02/2012]

Además, en este último país también se emplea para mencionar a un futbolista:

  • Lo mejor del juego lo hizo el «Hobbit» Bermúdez, quien realizó una buena jugada, sin embargo no se pudo concretar en la portería contraria. [Esto (México), 07/02/2010]

Por su parte, en el Observatori de Neologia de la Universitat Pompeu Fabra se recogen referencias del término desde 1991 hasta 2017:

  • […] El hobbit, la obra más popular de J. R. R. Tolkien junto a «El señor de los anillos» y la primera en la que aparecen sus más conocidas criaturas, los hobbits. [El País (España), 06/01/1991]
  • Sin olvidar desde luego a Frodo, Sam y demás compañeros hobbits, que son también adolescentes raritos hasta cumplir el medio siglo o más de sus envidiables largas existencias. [El Comercio (Perú), 05/08/2007]

Aunque no solo recoge la voz para hacer alusión a los personajes de J. R. R. Tolkien, sino también para aludir al Homo floresiensis que habitaba en la isla de Flores:

  • Un nuevo hallazgo aumenta el misterio del hobbit de Flores. [El País (España), 14/01/2016]
  • Descubren a los antepasados del ‘hobbit’ de la isla de Flores. [La Opinión de Málaga (España), 08/06/2016]

En los diccionarios de referencia de otras lenguas romances, como el italiano, el francés o el portugués, no se tiene en cuenta la entrada hobbit, a diferencia del Oxford English Dictionary que la define como una raza humana pequeña propia de los cuentos de J. R. R. Tolkien: «En los cuentos de J. R. R. Tolkien (1892-1973): habitante de un pueblo imaginario que pertenece a una pequeña especie de la raza humana, se dieron este nombre a sí mismos (que significa ‘habitante de un agujero’), pero eran llamados por los otros medianos, ya que tenían la mitad de la altura de los hombres normales».

En definitiva, la palabra hobbit es un anglicismo que ha penetrado en el español, tanto de España como, sobre todo, de América, y su empleo es cada vez más habitual, a pesar de que su frecuencia es relativamente baja, tal como demuestran los textos periodísticos de ambos continentes. Aun así, no consta como un extranjerismo en los diccionarios de referencia.

M.ª José Rodríguez Mosquera
Universitat de Barcelona (España)

hobbit m. y f.

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