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Es innegable que en una sociedad cada vez más globalizada resulta ya poco sorprendente el uso y entrada de nuevas palabras en ámbitos diversos como es el del arte culinario. He aquí el caso de muffin.

Fotografía de un muffin.
Pixabay

Para comenzar no debemos confundir el muffin tradicional con el muffin inglés. Este último es una especie de bollito de pan tostado que se parte por la mitad y se toma normalmente con mantequilla a la hora del té. Aclarado esto, en esta entrada repararemos en el muffin tradicional conocido mas allá de las fronteras británicas. Tal y como hemos mencionado, destacamos que su uso más extendido hoy día aparece en la segunda acepción de The Oxford English Dictionary recogido como bollo esponjoso cocinado al horno compuesto a base de harina de trigo, aceite vegetal, huevo, leche de vaca, azúcar, cacao y otros componentes en su relleno como la esencia o el sabor, que puede variar desde lo salado a lo dulce y que presenta una base cilíndrica normalmente envuelta en un papel especial de repostería y cuya superficie toma una forma que recuerda a un hongo o a una taza de té invertida. Se recoge al alimón en Dictionnaire Larousse con la misma acepción. Esto nos lleva a dirimir sobre la necesidad de que sea incluido en diccionarios castellanos prescriptivos. Aunque comparten alguna que otra similitud, el muffin se diferencia de la magdalena y del cupcake en que tiene menos azúcar y, por eso, se suele tomar en el desayuno o en la merienda.

Nos encontramos, pues, ante una unidad neológica formal tomada por préstamo crudo del inglés muffin /ˈmʌfɪn/. Advertimos que en este caso ni siquiera se adapta ortográficamente siguiendo las pautas ortográficas españolas pues incluso mantiene la duplicación de la consonante fricativa, recurso poco común en la lengua española. Recordemos que en nuestro sistema lingüístico no se suele adoptar la pronunciación extranjera como observamos con wifi o vip, entre otros pocos ejemplos. Aunque no es un aspecto totalmente atípico en la toma de préstamos extranjeros por nuestra lengua resultaría lógico que, en caso de ser aceptado como préstamo adaptado, se hiciera uso de la tilde en la sílaba anterior por presentar una acentuación llana como ha ocurrido con palabras ya castellanizadas ortográficamente como cárter o escáner.

Aun estando ya bastante extendido entre los usuarios de la lengua, nos llama la atención su escasa presencia en obras lexicográficas descriptivas. En España aparece por primera vez en 1972 en un recetario de cocina publicado por Simone Ortega en Alianza Editorial catorce años más tarde. En el manual se presenta el muffin con una breve explicación previa por lo que advertimos la función metalingüística propia que suele darse cuando aún no se conoce el término en cuestión.

Aparte de este último y más allá de su escasa aparición en CORDE, rescatamos un caso en CREA en una novela mexicana (1977) que fue publicada cinco años más tarde por la editorial Alfaguara.

  • ¿Es usted vegetariano? Escoja un muffin de trigo y una crema de soya. ¿Ha leído usted a Walton? Le recomiendo estos pescados, rosados como la flor del cólchico. [Palinuro de México (México), 1977]

Ya en CORPESXXI aparece en dos ocasiones. Uno en 2007 en Republica Dominicana en una obra de divulgación sobre dulces autóctonos dominicanos. Aunque resulte paradójico por su cercanía e influencia geográfíca con Estados Unidos, podemos suponer que en ese momento este término no era conocido en tierras dominicanas pues aparece expresamente definido. Cuatro años después volvemos a encontrarlo en otro recetario de cocina en Argentina.

El BOBNEO arroja también testimonios de la palabra. Salvo la primera extraída en 1989, el resto se encuadra entre los años 2005 y 2020. Si bien observamos una cierta intermitencia de casos a lo largo de las dos últimas décadas, existe un repunte en su uso en el año actual.

  • Muchos ciudadanos británicos creen que es tan inglés como los muffins. [La Vanguardia (España), 19/01/1989]
  • Pruebe sus galletas de salvado de ajo y orégano, los cachitos de nueces, las galletas de avena, los muffins dietéticos, los kekes de plátano y otras delicias. [El País (España), 03/09/2006]
  • «Hasta los niños hoy pueden elaborar en forma fácil y económica muffins, panqueques, cabritas, algodones de azúcar, etc.». [El Mercurio (Chile), 27/10/2013]
  • Cada vez que agreguemos harina, mezclamos con una lengüeta hasta que se integre totalmente en la masa de los muffins. [Diario de Cádiz (España), 01/12/2019]

Resulta curioso reseñar que, según constatamos en el CNDHE, en 1997 aparece en Perú recogido como antropónimo de un gato en la revista semanal Caretas. Solo los diccionarios descriptivos de Larousse y Clave lo contemplan con la definición de muffin inglés analizada en este artículo.

Si bien es popular el uso de muffin en contextos ordinarios del día a día y en los medios de comunicación de masas, parece que existe un cierto recelo a su uso por escrito en revistas y periódicos de reconocido prestigio que vayan más allá de los textos y blogs semibanalizados de cocina que suelen consultarse en línea.

Para finalizar, Fundéu lo considera un anglicismo y, aunque en algunos casos suele traducirse como magdalena por su parecido en la forma, recomienda que se conserve el nombre original de este dulce. Por ende, y tomando estas recomendaciones, vemos preceptivo escribirlo tal y como está y en cursiva por el momento y hasta su inclusión en ediciones ulteriores de diccionarios prescriptivos.

José Rubén Trujillo Longay
Grupo NEOUMA
Universidad de Málaga (España)

muffin m.

Un pensamiento en “muffin m.

  • 22 septiembre, 2020 a las 09:42
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    Hay un error en esta afirmación: «… resultaría lógico que, en caso de ser aceptado como préstamo adaptado, se hiciera uso de la tilde en la sílaba anterior por presentar una acentuación llana como ha ocurrido con palabras ya castellanizadas ortográficamente como cárter o escáner».

    En este caso, la adaptación no requiere la tilde, puesto que no la llevan las voces llanas acabadas en «s»; sí la llevan, en cambio, las acabadas en «r», de ahí «cárter» o «escáner».

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