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Todos conocemos a los pitufos, esos personajes pequeños y azules, con gorro blanco, que viven en comunidad en un poblado de casas en forma de seta. Creación del dibujante Pierre Culliford (Bruselas, 1928-1992), quien firmaba como Peyo, aparecieron por primera vez en Spirou, semanario de historietas francobelga. El 23 de octubre de 1958, la revista empezó a publicar La flûte à six trous (‘La flauta de los seis agujeros’) de la serie Johan et Pirlouit, en que los dos chicos protagonistas, con la ayuda del hechizo del mago Homnibus, viajan al país de los llamados Schtroumpfs (nuestros pitufos), los cuales han fabricado una flauta mágica. Aunque en un principio los Schtroumpfs fueran secundarios, su aparición tuvo tan buena acogida que enseguida tomaron protagonismo y acabaron teniendo su propio espacio en Spirou. Al igual que el éxito inesperado de los pitufos, la creación de la palabra schtroumpf para designar a estos personajes fue casual: Peyo, en una cena con el también historietista belga André Franquin, en vez de decir salière ‘salero’ usó, sin más, schtroumpf (vocablo que en francés no existe, pero sí se pronuncia como el alemán Strumpf ‘media’), y los dos amigos siguieron la velada hablando en schtroumpf, es decir, reemplazando algunas palabras por esta. Seis meses después, Peyo decidió llamar de esta manera a sus criaturas.

Dibujo de varios pitufos.
Google Images

Gracias a Strong, un tebeo de periodicidad semanal, los niños españoles pudieron leer las historias de los pitufos, ya desde su primer número de 1969. Pese a la corta vida de la revista (se publicó hasta 1971), su existencia fue relevante porque básicamente importaba producción francobelga de la editorial Dupuis, un estilo de cómic hasta entonces desconocido por el lector hispanohablante. De todos modos, algunas series de esa editorial ya habían llegado al público infantil catalán, como Els barrufets (traducción catalana de Les Schtroumpfs), que aparecieron por primera vez en mayo de 1967 en la revista Cavall Fort.

La palabra pitufo se le ocurrió a Miguel Agustí, redactor jefe de Strong y traductor al español de las historietas de Peyo. Para ello, se inspiró en Patufet, personaje (se caracteriza por ser muy pequeño) que encontramos en la literatura infantil catalana, y, tras descartar algunas vocales (patufo, petufo, potufo, putufo), se quedó con la i, cosa que lo llevó a la solución definitiva: pitufo. (A mediados de los años setenta, TBO los rebautizó, sin éxito, como los tebeítos.) En cuanto a las otras soluciones adoptadas por el resto de lenguas del Estado español, salvo en el caso del gallego, en que se usa la forma española, descubrimos resultados diferentes: para el catalán, el lingüista y escritor Albert Jané recurrió a una ampliación del significado del vocablo ya existente barrufet, como se ha dicho más arriba, el cual designa a seres imaginarios como diablillos o duendecillos traviesos. Por su parte, el vasco pottokia (pottokiak en plural) relaciona a los seres azules con los ponis, por su tamaño reducido.

En cualquier caso, el neologismo pitufo no solo da nombre, como sustantivo, a los protagonistas de La flauta de los pitufos, sino que, para ser fieles al original francés, también se utiliza como sustantivo genérico para designar objetos diversos, y a partir de este por conversión, el verbo pitufar para expresar ciertas acciones. En menor medida, también lo encontramos con función adjetiva. Veamos algunos ejemplos:

  • Un ejemplo de ello es el título «Le Schtroumpfissime», que guarda similitudes con la compleja situación política de Bélgica. En él, dos comunidades de pitufos que hablan lenguas diferentes, equiparables a los flamencos y a los valones francófonos, no alcanzan ningún acuerdo cuando tratan de elegir democráticamente a su líder. [El Espectador (Colombia), 15/01/2008]
  • El primer ‘Pueblo Pitufo’ del mundo anima a todos «los que tengan alma pitufa» a asistir al evento. [La Opinión de Málaga (España), 11/08/2011]
  • El cantante se vistió con una chaqueta azul pitufo con dibujitos y un peinado algo raro. [El Sur (España), 01/02/2012]
  • Que se lo digan al pitufo hinchable gigante con el que intentó escalar en las playas de Cancún (México), en una noche loca con los amigos, entre ellos Reid Carolin, compañero de proyectos como la productora Iron Horse Entertainment. [El País (España), 13/12/2014]

Más allá del ámbito literario en el que se creó, la denominación pitufo ha dado un salto al lenguaje general, con cierto matiz añadido entre irónico y despectivo:

  • Se le considera el cabeza de lista de los pitufos, como se denomina a la joven guardia de diplomáticos pertenecientes al Partido Popular (PP). [El País (España), 21/07/1996]
  • Otro ejemplo significativo de la generación de los pitufos es el nuevo director general para Iberoamérica, Eduardo Gutiérrez Sainz de Buruaga, diplomático en excedencia que también pasó directamente de los despachos del PP al ministerio. [El País (España), 10/02/1997]
  • Les ha llamado pitufos gruñones, cenizos, e IU les ha acusado de ser de derechas. [El País (España), 13/05/2016]

Otro ejemplo de esto sería el caso del exfutbolista colombiano Anthony de Ávila, quien recibió el apodo de pitufo por su baja estatura (medía un metro cincuenta y siete):

  • Un ‘pitufo’ hizo historia en América y la Libertadores. [El Universal (Colombia), 23/04/2020]

Asimismo encontramos la palabra para referirse coloquialmente, por analogía, a la policía local de algunos municipios de España y Latinoamérica, por el color azul (en la mayoría de casos marino) de su uniforme:

  • La juez Carmen González ha dejado en libertad bajo fianza a tres pitufos imputados en una operación en que han sido detenidos nueve policías. [El Mundo (España), 03/02/2015]
  • No, esos Pitufos no son estos pitufos. Y ese es el apodo que los jóvenes bahienses les han puesto a los noveles policías locales. [Izquierda Diario (España), 09/09/2015]
  • Ya no serán «los pitufos». La Policía Local cambió a partir de ayer su uniforme y dejó atrás el celeste que la caracterizaba por un azul oscuro muy similar al de la Policía Bonaerense. [El Diario Sur (Argentina), 10/05/2018]

El DUE recoge pitufo, pitufa para referirse, en una primera acepción, al personaje («enanito azul de ciertos cuentos infantiles»), y a continuación, en contextos informales, en el sentido de «niño pequeño». De todos modos, para la figura femenina de Los pitufos, que apareció en la décima historia de la serie, se optó por la forma pitufina o pitufita (Schtroumpfette en el francés original), y no pitufa, como recoge el citado diccionario, que añade -a al masculino, el sufijo femenino por defecto. De hecho, el sufijo -ette tiene valor de diminutivo, como en el caso de -ita en español.

  • Su interés: cuidar y querer a cada Pitufo. Su cometido: hacer de pitufina Y eso es todo. [El Correo (España), 10/12/2013]

Del mismo modo que vimos con hobbit, la voz pitufo ha trascendido el ámbito literario en el que fue creado y se usa para designar tanto a los personajes como también a personas que, por analogía, tienen relación con el color azul o el tamaño pequeño. Si consultamos algunos diccionarios de lenguas extranjeras, descubrimos por ejemplo que Le Grand Robert recoge la forma francesa schtroumpf referida a las criaturas de Peyo, pero, en cambio, no encontramos su correspondiente en inglés (smurf) en el Oxford Dictionary of English, ni la alemana Strumpf en el Langenscheidt. Por otra parte, en el Diccionari de la llengua catalana del Institut d’Estudis Catalans el vocablo barrufet solo está con el significado de ‘diable’ y ‘follet’, y en español el DRAE no recoge pitufo. Quizás va siendo hora de que los pitufos puedan estar al lado de otros seres fantásticos como hada, duende, elfo, gnomo, ogro o trol, voces que sí están incorporadas en el DRAE.

Bernat Cormand
Universitat Pompeu Fabra (Barcelona)

pitufo, pitufa m. y f. y adj.

Un pensamiento en “pitufo, pitufa m. y f. y adj.

  • 16 septiembre, 2020 a las 03:18
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    En el Perú se usa “pitufear” como verbo, para describir la acción de fraccionar en pequeños montos el dinero que no se quiere declarar ante las actividades competentes. Se ha usado en sentencias judiciales para referirse a acciones consideradas ilícitas en tanto buscan esconder -por ejemplo- el financiamiento ilegal de partidos políticos, diluyendo una alta suma de dinero de una sola fuente en una diversidad de pequeñas donaciones hechas por diversas personas. La expresión se encuentra en las paginas de los diarios dedicadas a la política y en la notas policiales por su asociación al derecho penal económico.

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