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En el ámbito hispánico, las suricatas fueron durante siglos poco conocidas fuera del campo de la zoología, lo que explica que ninguno de los principales diccionarios generalistas recogiera la palabra hasta 1996, cuando lo hizo la primera edición de Clave. No ha sido hasta las últimas décadas cuando han empezado a ser más conocidas por los hablantes no especialistas, sobre todo a raíz del estreno cinematográfico de El rey león en 1994. Desde entonces, la suricata Timón, uno de los personajes de la película, que ha vuelto a aparecer en sucesivas secuelas, se ha convertido en una figura célebre de la cultura popular. Más recientemente, también ha crecido el interés científico general por estos pequeños mamíferos emparentados con las mangostas; así lo atestiguan sus apariciones recurrentes en diversos documentales, como los del naturalista y divulgador David Attenborough.

Fotografía de cinco suricatas.
Pixabay

Nativas de los semidesiertos y sabanas del sur de África, las suricatas (Suricata suricatta [sic], única especie de su género) son animales gregarios de la familia Herpestidae que viven en clanes de entre veinte y treinta individuos liderados por una hembra dominante. Erguidas, miden entre veinticinco y treinta centímetros, y tienen una cola de casi la misma longitud. A pesar de su tamaño (pesan algo menos de un kilogramo), sobreviven a las duras condiciones de su hábitat gracias a la colaboración entre miembros del clan, que se concreta en la caza en grupo y la especialización de labores. Son animales omnívoros en cuya dieta predominan los insectos y arácnidos.

Disponen de un oído y un aparato fonador muy desarrollados que les permiten comunicarse entre sí por medio de un amplio abanico de sonidos que emplean, por ejemplo, para distinguir entre distintas clases de depredadores. Así, cuando vislumbran uno, son capaces de modular los sonidos para alertar al resto del clan sobre la amenaza concreta (aves rapaces, serpientes, chacales, etc.), la distancia a la que se encuentra y la velocidad de aproximación. En función de todo ello, varían la estrategia de defensa grupal: pueden adoptar tácticas que abarcan desde la huida a la madriguera hasta el ladrido disuasorio, pasando por la confrontación abierta acosando al depredador en semicírculo e inflándose como los gatos.

La palabra pudo llegar al español bien como préstamo del francés suricate, bien por adaptación del nombre científico, acuñado en 1776 por el naturalista alemán Johann Christian Daniel von Schreber a partir del nombre francés. Sea como fuere, según Le grand Robert, la voz procede en última instancia de una lengua del sur de África y su forma quedó modificada por una confusión: en su primera aparición en francés (1765), en su Histoire naturelle, Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, explica que la suricata procede de Surinam. Por su morfología, suricata es un sustantivo muy peculiar dada la compleja casuística de clases que presenta en cuanto al género. El uso predominante de la voz es como nombre epiceno femenino acabado en -a (la suricata [hembra o macho]):

  • «Hoy, el productor parece un hámster, corriendo sobre una rueda siempre en el mismo lugar, [] cuando para este momento vendría mejor que sea como una suricata, porque ellas sin dejar de hacer lo suyo siempre están muy atentas a lo que ocurre a su alrededor, que en este caso sería la gestión comercial», recomendó. [Clarín (Argentina), 13/06/2015]
  • Las suricatas o las perritas de las praderas pueden parecer inofensivas, entrañables a ojos humanos, pero están entre los animales que más crías matan. [El País (España), 14/07/2019]

Sin embargo, con menor frecuencia, también se registran usos como epiceno masculino, tanto con esa misma terminación (el suricata [hembra o macho]) como acabado en -o (el suricato [hembra o macho]):

  • Los osos fueron animales con más éxito, consiguiendo solucionar el problema en casi el 70% de los casos; en cambio, los suricatas y las mangostas fueron las especies con menos resultados positivos. [La Vanguardia (España), 28/01/2016]
  • Durante los últimos dos años, el zoológico rediseñó el espacio de los osos de anteojos y los insectos. Además, modificaron el hábitat de los primates, los suricatos y las nutrias. [El Tiempo (Colombia), 24/10/2015]

También se usa, muy ocasionalmente, como nombre común en cuanto al género (la suricata [hembra], el suricata [macho]):

  • El jabalí y el suricata surgieron de un clásico de Disney y acabaron generando su propia serie televisiva, con «visitas» de otros personajes de la película. Su encanto puede ser sintetizado en la canción Hakuna Matata, [El Observador (Uruguay), 25/06/2015]

Se registran incluso algunos casos, aún más minoritarios, en que el nombre tiene flexión alterna de género (la suricata [hembra], el suricato [macho]):

  • Una suricata dominante da a luz al 90 % de los cachorros de su grupo. [] Los suricatos son tan simpáticos que uno de ellos se ganó un papel de secundario de lujo en una película de Disney. [El País (España), 30/08/2018]

Hoy, además del diccionario Clave (con género femenino, pero con una nota donde explica que también se usa como epiceno masculino acabado en –a), incluyen este nombre el DUE (desde su segunda edición, de 1998), el DEA y el VOXUSO (en los tres casos como femenino). También consta en las principales obras lexicográficas de las lenguas próximas, como el Oxford English Dictionary, Le Grand Robert o el Vocabolario Treccani. En definitiva, la voz, que aparece con relativa frecuencia y de manera sostenida en el tiempo en textos de todo el dominio hispanohablante, es una más que firme candidata a formar parte del lemario del DLE en su próxima edición.

Juan Carrillo del Saz
Universitat Pompeu Fabra (España)

suricata f.

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