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Si tuviésemos que elegir a los científicos más representativos de nuestra época, es muy posible que una de las primeras posiciones la ocupase el amplio grupo de profesionales a los que se engloba bajo la etiqueta de neurocientíficos. Los periódicos de todo el mundo dan constantemente noticias sobre ellos, así como acerca de los descubrimientos de su ámbito, el dominio de las neurociencias. Parece como si la sociedad estuviese constantemente esperando de estos científicos un paso más en esa revolución en el conocimiento que supone cada uno de los descubrimientos que hacen sobre el cerebro humano. Unos científicos que están más de actualidad si cabe al ser los responsables del estudio del deterioro cognitivo que se produce con el envejecimiento, una constante de las sociedades ricas de nuestro tiempo que ven como su población cada año que pasa se encuentra más envejecida.

neurona
Flickr (Allan Ajifo)

A pesar de todo ello, el diccionario normativo del español por excelencia solo incluye la voz neurociencia a partir de 1992, y lo hace para referirse a ‘cualquiera de las ciencias que se ocupan del sistema nervioso’, cuando en los corpus de referencia en que se basan las elecciones del diccionario (CREA, CORPES XXI) aparecen tanto neurociencia como la forma en plural, neurociencias, y así mismo los individuos encargados de sacar esas ciencias adelante. Pero estos no tienen todavía un hueco en el diccionario académico. Y eso que se trata de unos seres dinámicos, representantes de nuestro tiempo, generadores de avances, de conocimiento, y con ello productores constantes de neologismos.

Su propia denominación fue un neologismo surgido a partir de los años ochenta, no solo en español, sino también en otras lenguas románicas, muy posiblemente como una traducción de las formas inglesas neuroscientist (n.) y neuroscientific (adj.), las cuales aparecen dentro del paradigma del término neuroscience. Formado este último hacia 1963 con la unión del elemento compositivo neuro– (gr. νεῦρον, ‘nervio’ que por extensión ha pasado a significar ‘sistema nervioso’) a las palabras ya existentes science y sus derivados scientist y scientific (Oxford English Dictionary).

Aunque probablemente las formas inglesas estén en el origen de las españolas, el procedimiento de formación de estas encaja perfectamente con el que hubieran seguido estos términos de haberse formado directamente en español: utilización del recurso de composición a la manera culta mediante el cual se une un elemento compositivo a un término que existía previamente, en este caso ciencia y científico.

En lo que respecta al nombre de la disciplina neurociencia, lo encontramos recogido por primera vez en español en 1970, en el texto que adjunta el DEA como prueba de su existencia. No debería estar mucho más lejos la primera datación de neurocientífico. Sin embargo no disponemos de datos en español anteriores a 1986, el primer testimonio recogido en el Corpus del diccionario histórico del español de la Real Academia Española:

  • Los neurocientíficos, añade, nunca serán capaces de predecir el curso de la mente a base de discernir la actividad del cerebro. [ABC (España), 3/06/1986]

Y, aunque lo más habitual sea encontrarlo como nombre, este uso convive con el adjetivo, cuya primera datación para el CREA es un poco más tardía, 1994:

  • … sus publicaciones ocupan cada vez más páginas entre las comunicaciones que se presentan en las reuniones neurocientíficas. [El Mundo (España), 6/10/1994]
  • No podemos imaginar que un enfoque neurocientífico verdaderamente adecuado de nuestras vidas mentales vaya a proporcionar categorías teóricas que se correspondan detalladamente con las categorías de nuestro sentido común. [J. Toribio, 1995, aunque procede de una cita que hace de un texto de 1988]

El uso de este término se va extendiendo en las décadas siguientes, como muestran los más de doscientos testimonios recogidos en el corpus más actual de la Real Academia Española, CORPES XXI, donde se le asigna la categoría de adjetivo, a pesar de que solo tenga esta categoría gramatical en el 10 % de los casos. En el resto funcionan como nombres.

El hecho de no aparecer en los diccionarios de lengua más consultados ha propiciado que se haya seguido registrando como neologismo en los observatorios de neología desde los años noventa hasta la actualidad, tal y como sugieren los contextos extraídos de la prensa española e hispanoamericana que se encuentran recopilados en la base de datos de OBNEO. En todos ellos, excepto en uno en que se habla de «un punto de vista neurocientífico» [Radio 5 (España), 5/01/2013], aparece con su uso más frecuente, es decir, como nombre:

  • Pedagogos, profesores y hasta neurocientíficos lo saben bien: el ajedrez es un verdadero gimnasio para la mente. [El Clarín (Argentina), 22/2/2012]

El verse reflejado en todas estas fuentes, en corpus, en periódicos, y en distintas publicaciones, lo que nos indica es que estamos ante un término especializado pero suficientemente frecuente y actual como para aparecer en los diccionarios de uso del español de nuestra época.

Joaquín García Palacios
Grupo NeoUSAL
Universidad de Salamanca (España)

neurocientífico, neurocientífica m. y f.

3 thoughts on “neurocientífico, neurocientífica m. y f.

  • 29 marzo, 2016 a las 15:04
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    El uso del prefijo ‘neuro’ no es nuevo en la tecnología, ya en 1943 Warren McCulloch y Walter Pitts presentaron una teoría de organización neurofisiológica que se conocería como “neurona de McCulloch-Pitts”, el elemento básico de los sistemas neuronales o redes neuronales.
    Y hoy en día tenemos, con el prefijo ‘neuro’, términos como ‘neurotecnología’, que engloba técnicas que facilitan la comprensión y visualización del cerebro, así como diversos aspectos de la conciencia, el pensamiento y las actividades de orden superior en el cerebro; e incluso ‘neuromarketing’, aplicando la neurociencia al ámbito del marketing.

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    • 29 marzo, 2016 a las 15:25
      Enlace permanente

      Muchas gracias por tu comentario, José Luis. Siempre enriquece las entradas la aportación de nuevos datos. Un atento saludo,

      El equipo de Martes Neológico

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  • Pingback: neurocientífico neurocientífica m y f | Antenario

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